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Hoy vengo a hablarte de la trampa que suponen las nuevas tecnologías en la sociedad del siglo XXI. Y es que nos las han vendido como una necesidad para estar conectados con el mundo, como algo que necesitamos para ser “inteligentes”.
Formarse y prepararse tiene que ser algo bueno
Siempre he tenido la filosofía de que estudiar y prepararse es algo bueno que debe formar parte de nuestra vida diaria. Hoy se sabe que la formación continua amplía la red de conexiones neuronales y alarga la calidad de vida del ser humano, por lo que intento ir haciendo cursos de formación, leer sobre temas de trabajo que me interesan o seguir ampliando lo que tengo, por ejemplo estudiando el grado de logopedia.
La tónica común en todos los cursos que he hecho en los últimos cinco años es que me han presentado las tecnologías como algo que necesito para dar clase, para integrarme en la sociedad y para vivir de forma diaria, cuando en realidad creo que son un trampa.
Si bien es cierto que es necesario manejarse en las tecnologías para lidiar con muchos aspectos de la sociedad del siglo XXI (compras online, procedimientos administrativos online, consultas telemáticas de todo tipo…), también es cierto que si las incluimos en todos los aspectos de la vida, se pierden otros muchos, como la comunicación cara a cara, la capacidad de atención y concentración en una tarea no virtual y la comunicación no verbal, que tanto dice cuando se expresa.
¿El uso continuado de las tecnologías perjudica o contribuye?
De un tiempo a esta parte me he dado cuenta de que la capacidad de concentración de los niños ha bajado muchísimo en los centros escolares, muchos niños de hoy no son capaces de seguir una clase sentados (y con esto me refiero a aquellos que no presenta un TDAH o alguna dificultad).
Me han convencido de que el problema lo tenemos los maestros por no saber “adaptarnos al nuevo mundo” cuando en realidad lo que ha pasado es que ya no se trabaja la capacidad de concentración y de atención ni las habilidades de comunicación verbal presencial.
Hoy en día vivimos en una sociedad más rica y con acceso ilimitado a conocimientos pero menos capaz intelectualmente para afrontar tareas diarias.
Estas ideas eran algo aislado para mí, casos sin resolver por así decirlo hasta que un día por casualidad escuché en una charla a una psiquiatra, Marian Rojas Estapé, que hablaba de estos temas, y aquella charla puso en orden todas esas ideas. Os recomiendo sus charlas porque son reveladoras, además tiene un libro que explica esto bastante bien, te dejo el enlace aquí,
Ella habla de estos temas argumentando que las cosas buenas que te pasan, te pasan en la vida real, y con el uso de las nuevas tecnologías lo que hacemos es aislarnos aun más de ella. Esa vida real es la que va a hacer que una persona tenga estímulos cognitivos reales que su cerebro va a interpretar y a procesar como experiencias previas, haciendo que efectivamente “tú seas tú y tus experiencias”.
Una vez que lees y escuchas estas cosas recuerdas las veces que has visto a una madre o padre o ambos comiendo en un restaurante y su hijo con el móvil o la tablet, absorto en los dibujos, o simplemente vas andando por la calle y ves a los padres y al niño en el carrito con el móvil entre las manos porque así va más tranquilo o dándole de comer con los dibujos puestos porque así “come mejor”. Yo no digo que nunca se pueda usar el móvil, lo que digo es que creo que hacemos un uso exagerado de él.
Lo cierto es que un móvil produce luz, sonido y movimiento que son las tres cosas que debería estar desarrollando un niño desde bebé y que están siendo sustituidas por algo tecnológico que hacen cada vez mas pequeña su capacidad para aburrirse y crear algo nuevo como respuesta a ese aburrimiento.
Esto se traduce en que, cada vez que tienen el móvil delante, el desarrollo de su hipocampo se ve frenado, hasta que ya no es capaz de hacer otra cosa, ya no es capaz de centrar la atención, y la pregunta más frecuente cuando le pides que deje ese “algo tecnológico” sea «¿Y ahora que hago?» porque no saben cómo entretenerse.
Pues en el ámbito educativo nos ha pasado lo mismo, nos han dicho que la sociedad del siglo XXI necesita tecnología para avanzar y que si los alumnos no la tienen, lo estamos haciendo mal, cuando los directivos de Silicon Valley han llegado a reconocer en entrevistas que sus hijos van a centros sin pantallas, porque crean adictos y no es bueno para ellos.
En mi clase he acabado por dejarlas de lado, porque tengo sesiones de 30 minutos (un maestro de audición y lenguaje tiene sesiones muy cortas) y necesito aprovecharlas al máximo. Antes utilizaba la pantalla como premio, pero he acabado por desterrarlas porque ya las usan en su clase y yo prefiero usar mi tiempo con actividades cara a cara.
La conclusión que he sacado en estos diez últimos años que llevo observando esto es que cada vez son menos capaces de escuchar y prestar atención, y sólo aquellos que son capaces de hacerlo tienen éxito en la vida porque dominan su atención y acaban aprendiendo a focalizarla donde les interesa.
¿Deben desaparecer las pantallas de la escuela?
Tampoco estoy diciendo con ello que las pantallas deban desaparecer de las escuelas, pero sí he empezado a darme cuenta de que prefiero pedir juegos de mesa, de cartas, kits de escritura y dibujo con diferentes técnicas, y hasta pequeños invernaderos para plantar en interior cuatro plantas antes que pedir tecnología. Cualquiera de estas cosas me da más pie a trabajar las habilidades comunicativo-lingüísticas con un alumno que una pantalla.
He entendido que en mi clase de audición y lenguaje prefiero aquellos materiales que inciten a dar una opinión, antes de pedir aquellos otros que dejan a los niños absortos y, éstos los uso únicamente para enseñarles a buscar algo, porque, seamos realistas, es muy cómodo no tener que cargar con una enciclopedia pesada que te ocupa espacio en casa. Si sabes dónde buscar, internet ofrece toda la información del mundo.
Trabajar las técnicas de relajación, por ejemplo, debería ser obligatorio en todos los niveles, pero sobre todo para aquellos que trabajamos de cara a la discapacidad, los maestros de audición y lenguaje y pedagogía terapéutica, donde los alumnos tienen más dificultades para la gestión de las emociones y el control de tiempo en la realización de tareas y gestión de las mismas.
Antes ponía los vídeos de conciencia fonológica en el ordenador, ahora lo que hago es imprimirme las tarjetas y hacer actividades de relación y asociación en la mesa. La comunicación en estos casos es mucho mas expresiva y enriquecedora.
Pequeños gestos que marcan la diferencia
En definitiva, he empezado a hacer pequeños gestos que por sí solos no parecían gran cosa, pero que un tiempo después he visto que han producido algunos cambios en los alumnos, que antes pedían directamente que les pusiera el ordenador o tablet y ahora, pasado un tiempo, únicamente piden los juegos y actividades y se han buscado otras formas más productivas para entretenerse.
Esto también ha hecho que mi capacidad para crear sea mayor, porque las tecnologías no sólo afectan a los más pequeños, yo también me había acomodado a ellas de tal forma que había ido relegando cada vez más los pequeños aspectos del trabajo a las tecnologías y estoy empezando a elaborar mis propios materiales de una forma más artesanal, te lo cuento un poco más detalladamente en este post.
En todo este tiempo que llevo observando desde mi aula, he aprendido a utilizar la tecnologías sólo para aquello que no me afecta y puede optimizar mi vida, por ejemplo, he descubierto las virtudes de la teleformación, sólo en algunos casos en los que la formación es teórica y me viene bien estar en mi casa mientras la escucho. El campo de la audición y el lenguaje es muy amplio y hay aspectos que puedes perfectamente abarcarlos desde casa. No digamos ya de poder hacer cursos donde te presentan vídeos prácticos para aprender a crear materiales. Estos cursos han hecho que mi tiempo se aproveche mucho más y vaya mucho más relajada.
En definitiva he acabado sustituyendo la televisión, la tablet e internet por otras actividades más provechosas emocionalmente y he ido dejando la pantalla sólo para aquellas ocasiones o aspectos que pueden optimizar mi vida.

El arte del scrapbooking en el aula de audición y lenguaje