No es más que la representación de la realidad que nos rodea pero la verdad es que el juego simbólico es algo que hemos practicado todos y de alguna forma todos tenemos algún recuerdo de esos momentos que recordamos con cariño.
Es una actividad muy bonita y necesaria para realizar en clase con los más pequeños o con aquellos que presentan algún tipo de necesidad ya que proporciona la base para realizar después el juego individual y el paralelo. ¿Qué niño no ha jugado nunca a ser papa o mama? ¿y a tener una tienda o a ser maestro o maestra?
De hecho suele ser uno de los rincones favoritos en una clase de educación infantil, pero ¿que nos aporta a los maestros de audición y lenguaje?
En mi opinión nos da una visión general de la realidad del niño, cómo vive, cómo se relaciona, sus costumbres en casa, que estilo educativo tienen los padres, cómo se alimentan y la gestión del ocio y tiempo libre.
Cuando me di cuenta de estos aspectos pedí una cocinita en mi clase y con el tiempo me he hecho con algunos juguetes de Pinypon para colocarlos en mi clase. Elegí los Pinypon porque son los más prácticos. Me encantan los playmobil pero tienen piezas más pequeñas y, aunque los muñecos me gustan más, son de tamaño similar a los Pinypon y no vienen con tantas piezas pequeñas, así que si me parece conveniente, las dejo fuera de su alcance y listo. Por supuesto estamos hablando del trabajo con niños afectados, cuyo nivel de competencia curricular está en el primer ciclo de infantil o se lo suelen meter todo en la boca; con aquellos que no están afectados podemos dejar todas las piezas porque al fin y al cabo estas con ellos y no hay peligro.
Yo me compré esta casita por que la vi más asequible y algunos muñecos Pinypon sueltos y con eso los críos van jugando. Hacen la misma función y son más asequibles. Eso si, lo mejor es que te compres algo que se pueda quedar recogido. Si me hubiera dado cuenta, me habría comprado tipo maletín para que se quede todo recogido y cerrado.
¿Porqué juegan los niños?
A lo largo de la historia han surgido autores que han investigado sobre el tema de la talla de Stanley Hall, Karl Gross y Claperède. Estos autores en concreto elaboraron sus teorías al respecto. Así Hall estableció su teoría del Atavismo, que postula que los niños juegan emulando a sus ancestros y por ello se ve como las niñas juegan a las casitas y los niños juegan a tirar con arco y flecha, a cazar o pelearse o a cuidar de ganado. ¿quien no se ha preguntado alguna vez el porqué de esto en el patio del colegio?
Por su parte Gross postuló, con su teoría del ejercicio preparatorio, que el juego les sirve para practicar aquellas habilidades que les serán útiles en la vida adulta, comparando el juego de los niños con el de los animales porque, al fin y al cabo, si los animales juegan cuando son cachorros es porque ello les prepara para la lucha por la supervivencia en la vida adulta confiriéndoles técnicas de lucha o de caza.
Por otra parte tenemos a Claperède y su teoría de la ficción, que establece que el juego se basa en quién lo realiza y depende de la actitud del que juega. Por tanto en función de cómo interactúa el niño con su realidad concreta, su juego será de una forma u otra porque su realidad será única y específica para él.
El autor que más me gusta a mí cuando hablamos de juego simbólico es Piaget, quien en 1961 estableció que las personas desarrollan sus propias estructuras cognitivas y con ello propuso los cuatro estadios del desarrollo (sensomotor, preoperacional, de las operaciones concretas y de las operaciones abstractas). El juego simbólico se inicia la final de preoperacional y es necesario para el desarrollo de la inteligencia ya que en el se refleja el pensamiento egocéntrico, los miedos y costumbres diarias del niño y sus fantasías mas deseadas.
¿Cómo se trabaja?
El juego simbólico no se basa solo en ponerse a jugar y observar. Tienes que tener preguntas preparadas y estar dispuesto y atento para dirigir el juego y buscar las respuestas a las preguntas. El secreto para que el juego simbólico sea productivo está en las preguntas que haces, estas deben ser siempre abiertas (si hacemos preguntas cerradas no obtendremos información más allá de la simple afirmación o negación). También tienes que tener en cuenta que de una frase pueden enlazarse muchas preguntas más y poner a disposición del niño muchas opciones para elegir donde jugar. Que no elija la cocinita, no implica que no tenga juego simbólico, porque es posible que se ponga a jugar con las construcciones, coches, plastilina…
Una vez elegido el juego, toca sentarse en el suelo y participar, ver como se mueve, los sonidos que hace al jugar, si tiene un juego delicado o es más bruto jugando, si cuida los materiales o le da igual tirarlos, si dice cosas mientras juega…
Las preguntas más comunes para mí son siempre:
- ¿Quién es?
- ¿Qué hace?
- ¿Cuándo lo hace? ¿todos los días? ¿muchas o pocas veces?
- ¿Lo has visto alguna vez?
- ¿De que color es?
- ¿Tú tienes uno de estos en casa?
- ¿Quién hace esto en casa? ¿Lo hace mama o papa?
- ¿Y tú que haces cuando pasa esto?
- Cuéntame cómo lo hacéis en casa.
A partir de esas preguntas enlazas con otras y puedes ir observando la forma, el contenido y el uso del lenguaje que tiene. El juego simbólico puede durar lo que tú quieras pero soy de la opinión de que hay que ir variando de juego para que el niño no se abstraiga en su propio juego y te ignore. Al final hay que ir presentando opciones para ir cambiando y renovando las estrategias. A eso súmale que casi todos los niños que tenemos tienen dificultades para comunicarse y eso es ya un detonante para que le cueste soltarse con nosotros. Con un ratito cada día que tengas a tu alumno contigo es suficiente y te permitirá, no solo conocer como vive ese niño, sino formar un vínculo con él que se base en la confianza. Y está claro que las conversaciones más largas y verdaderas, las mantienes siempre con personas de confianza.

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