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El 99,9 % de los opositores le temen al examen de oposición. No te estoy descubriendo nada nuevo. Miedo, ansiedad, sudoración, nervios, tendencia a olvidar todo el día de antes… Todos estos síntomas tienen una base científica y biológica y otra psicológica que explican por qué te pasan.
En este artículo quisiera explicártelo todo para que la próxima vez que te presentes, sepas que puedes evitarlo y que, de hecho, no tienes ningún motivo para sentirte así.
La base científica y psicológica
Quiero que entiendas que cuando se te presenta una situación difícil que te preocupa, que te plantea un desafío o que supone un cambio para ti en algún aspecto de tu vida, la actitud con la que las afrontas dicho reto o situación hace muchísimo en el resultado de la misma. Yo me he presentado al examen una vez y saqué plaza por mi especialidad, audición y lenguaje, y en parte, creo que controlar estos aspectos que te cuento hoy, hicieron posible que aprobara a la primera.
La voz interior.
La actitud es la voz interior que te va diciendo cosas sobre tí mismo o sobre los que te rodean. Cosas como «no vas bien», «te podías haber puesto otra cosa», «no es para tanto», «tú lo harías igual de bien o mejor que ella/él», «y que sabrá él o ella de tu vida», «no te está haciendo caso», «esto es increíble, vaya falta de respeto», «no es justo, eso tenía que haber sido para ti”, «¿por qué te ignoran? Con lo buena/o que eres tú para ese trabajo»… solo son algunas de las cosas que tu voz interior te va comentando.
El problema es que es más fácil hacerle caso para mal que para bien, es más fácil creer lo malo que lo bueno y eso se lleva entrenando desde que somos pequeños. Además en esta voz interior tiene mucha influencia tu sistema de creencias, que es la visión general que tienes de tu mundo (de la sociedad, la familia, los amigos… de cómo debería ser el mundo en general). Yo lo veo mucho en el colegio.
El maestro de audición y lenguaje trabaja el lenguaje oral prioritariamente y en muchas ocasiones acabas haciendo migas con algunos niños o simplemente participas en muchas charlas que te dejan de piedra. En cada una de esas conversaciones aleatorias y arbitrarias que se desencadenan en el aula, ves el sistema de creencias de cada alumno, cómo piensa y cómo se valora. Después de haber observado durante unos años, he empezado a trabajar en mis clases la inteligencia emocional porque de verdad que creo que debería hacer una asignatura sobre ello.
Cuando te presentas a las oposiciones
Cuando tú te presentas a las posiciones, tu voz interior te va diciendo cosas como «igual no has hecho todo lo que podías», «para que me voy a preocupar si esto es una lotería», y «de que sirve esto si no se corrige de forma objetiva»… cuando lo que deberíamos estar diciéndonos es algo como «voy a hacer lo que pueda ya que he llegado hasta aquí», «he trabajado mucho y este año voy bien preparado»…
Es posible que no vaya bien preparado o no haya hecho mucho, en cuyo caso es necesario hacer un auto análisis de qué debería estar haciendo si no quiero estar presentándome cada convocatoria sin resultados. Este es otro aspecto que abordo en otro post, pero de momento quiero que sepas cómo funciona tu cerebro cada vez que afrontas algo nuevo.
Conforme tu voz va comentando tus acciones, una serie de reacciones salen de tu cuerpo. Este aspecto lo comenta muy bien Marian Rojas Estapé en su libro «Cómo hacer que te pasen cosas buenas» cuando dice que tu mente y cuerpo no diferencian lo que es real de lo que no lo es. Te dejo el enlace aquí. Es uno de esos libros que te dejan de piedra porque te explica de forma sencilla procesos mentales que influyen en tu cuerpo, lo que te ayuda a evitarlos.
Y es cierto, de repente te empiezas a plantear todo el año de estudio que llevas y te repites cosas como «no llevas bien todos los temas», «no has trabajado todo lo que podías», «no has rendido lo suficiente»… y ahí es cuando tu cerebro se pone alerta y empiezas a sudar, te poner nervioso, tiemblas… Y se acabó.
Lo que deberías hacer en realidad
Es mucho más práctico ir al examen pensando que has hecho lo que has podido y que si no lo consigues, ya tienes mucho avanzado para la próxima vez, porque seguramente hayas rendido y trabajado lo suficiente y es una cuestión de relajarte o de cambiar de estrategia y hacer algo diferente, porque a veces, por las razones que sean, ese trabajo no ha gustado al tribunal.
Y ahí va la segunda idea que quiero transmitirte: piensa que los tribunales se componen de gente normal, compañeros sin ánimo de dañar a nadie que están siguiendo instrucciones y órdenes de más arriba, y que ya que están ahí quieren hacerlo bien y dar la oportunidad a los aspirantes de conseguir la plaza luciéndose.
Consejos prácticos
A quien madruga Dios le ayuda
Levántate con tiempo suficiente y reflexiona sentado en la cama, respira hondo porque no, no vas tan mal preparado y no, no es todo cuestión de suerte.
De verdad que yo creo que esta oposición no la saca el que más sabe, si no el que mejor la defiende. Piensa que sería injusto que la sacara solo el que más sabe. Solo podrían sacarla los que más experiencia tienen y dejarían a aquellos que tienen ideas innovadoras en el banquillo solo por ser más jóvenes e inexpertos.
Evaluate.
Es importante saber tus puntos fuertes y débiles. No todo se basa en saber o no contestar perfectamente a las preguntas. ¿Te has planteado qué letra tienes? ¿Cómo escribes? Esta es la tercera idea importante que quiero que entiendas: somos maestros de audición y lenguaje y trabajamos la forma, el contenido y el uso del lenguaje. Sería un disparate que no lo supiéramos plasmar sobre el papel.
Esas personas solo van a tener tiempo de leer tu examen una o dos veces, por lo tanto, déjales claro que dominas los aspectos formales del lenguaje oral y escrito.
Si te has presentado varias veces y no has conseguido plaza igual deberías plantearte un cambio de enfoque.
¡Cuidado con las faltas!
Se espera que cometas errores, porque seamos realistas, son casi cinco horas escribiendo (en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia al menos es así, imagino que en otras comunidades no variará mucho), y tienes mucho por delante, tienes que ir rápido y pensar casi al mismo tiempo que escribes, pero no es lo mismo cometer un par de faltas por la velocidad que dejar el examen «hecho un solar».
Igual tú sabes mucho pero no sirve de nada si no respetas los signos de puntuación y las normas ortográficas. Recordemos que somos maestros y lo mismo que enseñamos debemos practicarlo.
Entrena tus habilidades
Esto nos lleva a otro punto muy importante, la cuarta idea que quiero transmitir; y tú me dirás: “¿Cómo no voy a cometer faltas si no tengo tiempo suficiente para escribir? Dos horas no es mucho”.
Nunca va a ser suficiente. Si quieres mejorar, tienes que cambiar tu forma de ver este examen.
¿Cuántos días a la semana entrenas la mano? ¿Cuántas supuestos prácticos haces por semana? Para tener una soltura adecuada en la mano con la que escribes, debes escribir un caso práctico y un tema por semana. Y todo lo que escribas debe estar escrito a mano desde el mismo momento en que decides opositar.
Escribir a ordenador está muy bien, es muy cómodo, pero no sirve para nada porque el día del examen vas a tener que escribirlo todo a mano. Si quieres destacar en contenidos y en los aspectos formales de un examen (márgenes, tipo de grafía, disminuir faltas de ortografía…) la única forma de hacer eso es practicando. Cuanto más escribas, más soltura tendrás y más abarcarás en dos horas.
Pregúntate ahora cuantos casos y temas has escrito durante el año de oposiciones y ahora plantéate que el año que no es de oposiciones puedes reducir un poco el ritmo, pero nunca debes dejarlo porque luego te costará más volver a coger el ritmo y acabarás deprimiéndote y cansándote de todo. Mientras que si sigues el ritmo (que te viene bien, porque un maestro nunca deja de escribir y practicar) siempre estarás acostumbrado.

La problemática del maestro de audición y lenguaje