Como maestros de audición y lenguaje trabajamos cuatro ámbitos, aparte de los prerrequisitos del lenguaje y las bases funcionales. Estos son el ámbito fonético-fonológico, el ámbito semántico, el sintáctico y el pragmático.
En realidad, aunque parece que son cuatro campos aislados, están interrelacionados y cada uno de ellos complementa y enriquece a los demás. Todos ellos forman un continuo que, si funcionan adecuadamente, permiten la producción de un habla fluida y correcta.
No obstante en ocasiones aparecen anomalías que dificultan el desarrollo de alguno de estos ámbitos y por consiguiente, el desarrollo del proceso de adquisición del habla y la comunicación.
El ser humano está hecho para comunicar, y desde las edades mas tempranas busca comunicar y que le correspondan. Por ello los primero años de vida están dedicados a aprender cómo comunicar, empezando por el llanto y la sonrisa, que son los primeros signos de expresión que somos capaces de emitir, pasando por las primeras palabras o aproximaciones a palabras y finalizando con la construcción de frases de dos palabras hasta la construcción de oraciones cada vez mas complejas, que se suele producir hacia los seis o siete años de edad, momento en el que cual el vocabulario se expande y desarrolla de forma exponencial, propiciando la adquisición de conceptos abstractos y las conversaciones más trascendentales.
Si nos fijamos bien en este proceso, todas las dimensiones del lenguaje están interrelacionadas y todas cumplen su papel para que este proceso de desarrolle adecuadamente. Aprendemos fonética y fonología para perfeccionar nuestra pronunciación, que luego utilizaremos para la expresión y comprensión del vocabulario que dará sentido a las oraciones que vamos a procesar y evocar y todo ello dará lugar al desarrollo de la narración, descripción y enumeración que propiciará las conversaciones que hacen que una persona aprenda y evolucione hacia un pensamiento maduro y productivo.
El desarrollo de la dimensión semántica va a propiciar que el vocabulario del niño se expanda y amplíe y es una parte esencial del trabajo del maestro de audición y lenguaje ya que con el desarrollo del vocabulario, las oraciones que se producen y la comprensión de los textos que se leen o se escuchan son mayores.
Con actividades lúdicas y divertidas podemos propiciar la adquisición del vocabulario y una de las que mas me gusta a mi es la del “dado de los campos semánticos”.
Es un dado que compré en Amazon y hay de dos tipos, uno de 20×20 para meter tarjetas y otro de10 x 10 cm que se vende en un pack de 2 o 4 dados que es muy útil también. Para este dado elaboré unas tarjetas con los campos semánticos que me pareció mas interesante trabajar. Puedes descargarlas aquí.
Aunque hay muchas formas de usar el dado, una de las actividades más divertidas es meter las tarjetas de los campos semánticos en los bolsillos y jugar a ver quien sabe más vocabulario.
Yo hago la actividad de dos formas; si solo tengo un alumno jugamos a tirar el dado y decir todo el vocabulario que sepamos sobre el tema que ha tocado, pero si hay dos o más alumnos, uno tira el dado y otro se queda escuchando el vocabulario. Cuando acaba el turno, toca el pulsador azul si se ha acertado con todo el vocabulario y el amarillo si su compañero se ha confundido con alguna palabra. Los pulsadores son otro recurso que da mucho juego. Los míos los compré aquí.
El dado ofrece muchas posibilidades y todas suelen ser bastante atractivas para los niños. También es un buen recurso para hacer actividades de estimulación del lenguaje oral en infantil ya que los mismos campos semánticos que vayas a trabajar puedes incorporarlos a un aula de infantil aunque de forma más básica ya que el conocimiento del vocabulario de un niño de educación infantil es más limitado.
Esta es solo una de las muchas formas que habrá para utilizar el dado. Y tú ¿cómo lo usarías? ¿Se te ocurre alguna?

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