Contenidos
En mi colegio, el maestro de audición y lenguaje se suele quedar durante el mes de septiembre en el periodo de adaptación en educación infantil. Es una medida bastante buena para identificar posibles dificultades del lenguaje durante el inicio del curso escolar hasta que estén totalmente cuadrados los horarios y así los niños te van conociendo y se van adaptando a ti.
En esta etapa es bastante común ver niños de 3 años que vienen al colegio con el hábito de chuparse el dedo. El chupete es menos común porque al legar al colegio la madre se lo quita y el niño se queda sin ese estímulo, pero el dedo lo lleva siempre encima, por lo que es bastante corriente ver niños con ese hábito en el colegio.
El hábito de chuparse el dedo
En realidad la succión del pulgar es un hábito normal en el lactante y hasta antes de tener toda la dentadura temporal. Cuando un niño ya tiene sus dientes de leche es necesario quitar ese hábito porque lo tiene como forma de relajación y placer.
Se sabe que ya en los últimos meses de gestación hay niños que se chupan el dedo dentro del útero como preparación a la succión del seno materno. Es un instinto de supervivencia básico, ya que es lo que luego le va a permitir succionar el seno momentos después del parto como un movimiento ya interiorizado y conocido.
No obstante cuando se hacen mayores también podemos observar que tienen este hábito cuando se aburren, están cansados y quieren dormir o cuando se disminuye la frecuencia de las tomas de leche materna para dar paso al biberón o la succión con pajita en el vaso de mayores.
La succión del pulgar en el colegio
Llegar al colegio con este hábito en infantil de 3 años y que continúe en el tiempo no es recomendable y debemos empezar a pensar en ayudarle a quitárselo. Ten en cuenta que este hábito continuado provoca una mala oclusión dental y, con ello, también algunas dificultades en la articulación. En este vídeo puedes ver perfectamente la progresión.
Hay un gran abanico de consecuencias que trae este hábito después de los cuatro años, pero los más frecuentes son las anormalidades en la posición de los dientes, principalmente los anteriores, siendo muy frecuente lo que se llama Mordida Abierta Anterior, en la cual los dientes de arriba se encuentran desplazados hacia afuera y los de abajo hacia adentro quedando un espacio entre los bordes de los dientes al cerrar la boca y la malformación del paladar.
Cuanto más tiempo persista este hábito, más consecuencias traerá en la oclusión dental del niño.
Quitar al niño la costumbre de chuparse el dedo
Si no conseguimos quitarle el hábito con la persuasión ni la distracción, y cuando ya se ha convertido en un problema, podemos recurrir a la rejilla palatina, que es un aparato de acero inoxidable que se elabora a medida y que se adapta con un cemento especial a la boca del paciente de forma permanente. Es un aparato bastante incómodo de usar los primeros días, pero los niños suelen adaptarse rápidamente. Este aparato no le da posibilidad de chuparse el dedo por lo que se ve obligado a abandonar el hábito de forma rápida. Cuando el hábito está completamente extinto y se ve maduración en el niño, se retira y se puede empezar con los tratamientos de ortodoncia correctiva, que permitirán solucionar del todo el problema.
¿Qué debemos hacer en estos casos?
En lugar de llevar a cabo todo este proceso de odontología y obligar al niño a llevar aparato, podemos simplemente iniciar una campaña de concienciación sobre este proceso al niño. Te dejo una serie de consejos que puedes utilizar para ayudar a cualquier niño con esto:
- Puedes empezar a razonar con el niño la necesidad de empezar a ser mayores y dejar de chuparnos el dedo. Muchas veces son más los padres lo que buscan seguir teniendo un bebé en casa y no se dan cuenta de que infantilizarle no hará que tengan a ese niño pequeño en casa más tiempo sino que, por el contrario, provocan que no se desarrolle de forma sana y saludable.
Soy partidaria de infantilizar lo menos posible a los niños porque creo que entienden perfectamente lo que les decimos y no les ayuda que estemos hablándoles como si fueran bebés; por lo que podemos empezar a decirle con mucho tacto y cariño que chuparse el dedo es algo que tenemos que dejar de hacer, debemos distraerlo y hablarle sobre otras cosas e ir recordándole que se saque el dedo de la boca cuando veamos que lo hace sin darse cuenta.
Ten en cuenta que es un niño pequeño, y el tacto y las palabras que usemos son muy importantes. Si ya de por sí debemos coger la costumbre de utilizar las formas adecuadas que nos gustaría que utilizaran con nosotros, con un niño pequeño es aún más importante.
Con los niños, es una cuestión de ir recordándoselo sin imponer nada ni castigar. Es básicamente una cuestión de tener constancia e insistir dándoles recordatorios sutiles.
- Usa refuerzos positivos continuamente. Lo que normalmente quiere un niño es sentirse querido y válido. Pero es algo que le pasa a todo el mundo. Lo veo constantemente en las clases de infantil. En esas clases me paso el tiempo elogiándolos con lo mayores que son, lo bien que lo hacen todo, lo contenta que estoy de ver cómo hacen las cosas… Da igual lo que estén haciendo, si está bien o mal, tanto si pintan un dibujo, como si se abren el almuerzo ellos solos, o se mantienen sentados tres minutos, hay que elogiarles lo bien que lo están haciendo y lo mayores que son.
- Identifica los detonantes de la conducta. Si se chupa el dedo cuando está cansado, vamos a empezar a decirle que cuando este cansado nos vamos a ir directamente a la cama, que puede decirlo y nosotros lo llevamos a la cama. Estate pendiente y cuando veas que se acercan las horas de dormir, no des pie a que se chupe el dedo y llévalo tú a la cama. Allí cuéntale un cuento y permite que toque el cuento y lo manipule para adentrarse más en la historia y darle una distracción para que no chupe el dedo.
- Si lo anterior no ha funcionado puedes comprarle un guante específico para estos casos, mojarle la uña en esmalte de uñas amargo y en zumo de limón o vinagre.
Al final es una cuestión de insistir en los casos más comunes y tener mucha paciencia en todos los casos, ya que no podemos olvidar que son niños y aunque tienen capacidad de comprensión y pueden entender muchas cosas, no dejan de ser eso, niños, y hay que tener mucha paciencia.
También te recomiendo hacer un proceso de autoanálisis, ya que en muchas más ocasiones de las que pensamos nos dejamos llevar más por lo que queremos que sean o que tengan nuestros niños, que por lo que necesitan de verdad.

¿Cómo hacemos la evaluación inicial del lenguaje?